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La salud bucodental en España en el 2010

El Consejo General de Dentistas, acaba de presentar los resultados de su última encuesta nacional sobre la salud bucodental en España, para conocer los hábitos de higiene, el uso de los servicios odontológicos y la calidad de la vida oral de la población española, tanto adulta como infantil, a lo largo del 2010.

Entre las principales conclusiones, destaca que el 60% de la población, muestra el mismo interés por su salud oral que por la general. Frente a estos datos, sorprende que el 85% de los padres no ha llevado a sus hijos al dentista en el último año; tampoco lo ha hecho el 52% de los adultos. Son especialmente preocupantes las cifras de la tercera edad: solo el 38% ha asistido a una clínica dental en los últimos 12 meses. De hecho, España es el cuarto país de la Unión Europea que menos ha visitado al dentista, sólo por delante de Letonia, Hungría y Rumanía.

Los principales motivos esgrimidos para no acudir al dentista, son para el 47% la ausencia de problemas, la crisis económica para el 23%, el miedo el 12% y la falta de tiempo el 10%.

En el apartado de los hábitos de higiene oral, las conclusiones revelan que más del 20% de los adultos no se cepilla los dientes, al menos, dos veces al día. Sin embargo, en cuanto a la utilización de métodos auxiliares de higiene, los datos son sorprendentemente elevados: el 62% usa colutorio, el 42% cepillos interdentales y el 29% seda dental.

En cuanto a la salud de la población infantil, el estudio revela que más del 30% de los padres, reconoce que sus hijos no se cepillan los dientes dos o más veces al día y que sólo el 15% ha llevado a sus hijos al dentista en el último año.

La conclusión, es que estos datos son sumamente preocupantes y que este aspecto debería ser considerado como “una prioridad educativa para los padres, que desconocen aún el valor y la importancia de un correcto seguimiento periódico de la salud bucal en la población infantil”.

Relacionan el asma con la caries y la gingivitis

Según un estudio realizado a cuatro grupos compuestos por niños de tres y seis años, adolescentes de entre 12 y 16 años, y jóvenes de entre 18 y 24 años, los individuos con asma presentaban una mayor incidencia de caries y gingivitis. Los niños con asma tienen mayor tendencia a respirar por la boca, lo que hace que se les seque y tengan mayor necesidad de beber y tomar con más frecuencia, bebidas azucaradas. En el grupo de los adolescentes, solo uno de cada 20 asmáticos no tenía caries, circunstancia que en el caso de los no asmáticos aumentaba a 13. Según el estudio, la baja secreción de saliva debido a los medicamentos que toman, podría ser la causa del incremento en la aparición de caries. Por todo ello, se recomienda que los médicos, los odontólogos y los padres de los niños asmáticos, sean conscientes de la relación entre el asma y la higiene oral.

La enfermedad periodontal y el Alzheimer

Un equipo de odontólogos de la Universidad de Nueva York ha logrado probar la relación que sostienen a largo plazo la enfermedad periodontal y el Alzheimer, tanto en individuos sanos como en aquellos que tienen funciones cognitivas dañadas.

El estudio presenta la evidencia de que la inflamación de las encías puede contribuir a la inflamación del cerebro, la neurodegeneración y la enfermedad de Alzheimer. Los resultados de los estudios sugieren que los sujetos con inflamación periodontal corren mayor riesgo de sufrir una disminución de las funciones cognitivas que los individuos en las mismas condiciones cognitivas sin problemas periodontales. Para ello, el equipo comparó dichas funciones de los pacientes a los 50 y a los 70 años, utilizando el Test de Símbolos Digitales  (DST)  además de las medidas estándar del IQ (coeficiente intelectual) de un adulto.

Tabaco y enfermedad periodontal

La SEPA (Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración) ha presentado un documento en el que concluye que los fumadores tienen tres veces más riesgo de padecer enfermedad periodontal, a la vez que presentan una peor respuesta al tratamiento de la misma.

Además, el efecto vasoconstrictor del tabaco produciría una disminución de los signos inflamatorios en la encía así como del sangrado de la misma, lo que enmascararía la clínica de la periodontitis retrasando su diagnóstico y tratamiento.

Posibles complicaciones de la anestesia local en odontología

La inyección de anestesia local, es un acto rutinario  en la práctica odontológica que, no obstante su habitual inocuidad,  puede dar lugar a distintas complicaciones,- en su mayoría locales-, pero que en contadas ocasiones, pueden llevar a un cuadro de afectación general incluso de carácter grave.

Las lesiones pueden deberse a la punción de arterias y venas:

  • Si pinchamos una arteria, se produce un dolor puntual y una isquemia cutánea, es decir , la piel palidece, pero, aunque puede ser un poco aparatoso, desaparece en unos minutos.
  • Si inyectamos anestésico dentro de un vaso, se produce un cuadro que luego los pacientes te refieren como que – “en una ocasión, la anestesia me produjo una reacción alérgica”-, es decir, taquicardia y desmayo. No es tal alergia, sino un cuadro de sobredosis debido al paso directo y rápido del anestésico al torrente sanguíneo. Además, puede no producirse el efecto analgésico.
  • Otra consecuencia indeseada es la aparición de una hemorragia por la lesión del vaso, que puede aparecer rápidamente y manifestarse externamente en forma de tumefacción con la evolución típica del hematoma en cuanto al cambio de color de la piel. Puede haber un cuadro de contractura muscular , (trismus),  y riesgo de infección, por lo que debe ser vigilado.

También se pueden producir lesiones del nervio por punción directa del mismo, en cuyo caso, el paciente siente un dolor repentino y una sensación inmediata de anestesia; o bien por la difusión del anestésico a zonas no deseadas dando lugar a ceguera unilateral , o doble visión (diplopia) o parálisis facial . Lesiones todas estas que pueden dar un buen susto al paciente, pero que se resuelven solas antes de las tres horas, al producirse la reabsorción del anestésico.

Otra posible complicación, afortunadamente muy rara hoy en día, sería la fractura de la aguja, que, si no queda visible, debe referirse al cirujano.

Aparte de las complicaciones inmediatas derivadas de la inyección del anestésico, hay otras que pueden aparecer de forma más tardía, como pueden ser:

  • Los trismos, es decir, contracturas musculares que producen limitación en la apertura bucal, y que pueden ser tanto por el trauma de la aguja, como por la acción del líquido sobre el músculo, la aparición de hematomas o el desencadenamiento de un proceso preexistente de disfunción de la articulación témporo-mandibular. Habitualmente se resuelven en una o dos semanas, aunque, dependiendo de cuál de las causas antes mencionadas lo ha desencadenado, a veces dura más tiempo a pesar del tratamiento.
  • Otra posible complicación es la aparición de necrosis, ulceraciones producidas por el vasoconstrictor del anestésico en zonas poco  vascularizadas, como puede ser el paladar o por la inyección de una cantidad excesiva de la solución. Cursa con clínica dolorosa y dura unas dos semanas.
  • No menos importante y mucho más frecuente, es la mordedura del labio y/o la mejilla, más frecuente en niños, pero también en adultos, y que con alguna frecuencia origina reclamaciones e incluso situaciones desagradables, ya que el paciente cree que la lesión se debe a una mala práctica por parte del dentista. Nada más lejos de la realidad: el labio, el inferior sobretodo, es traumatizado por el propio paciente, bien porque al ser notado como “gordo” comienza a mordisquearlo comprobando y disfrutando esa sensación, ó bien de forma involuntaria. Así, cuando  desaparece la anestesia, comienza a doler, apareciendo ulceraciones a veces importantes, con tumefacción y dolor que van a durar varios días.
  • Y una lesión muy poco frecuente es la aparición de parestesia: el efecto de la anestesia se mantiene durante días, semanas, meses, e incluso, en raras ocasiones, permanentemente . Se debe a una lesión del nervio producida por la punción directa del mismo, o a la compresión producida por una hemorragia. No hay tratamiento específico, y lo normal es que evolucione a la curación, pero de forma lenta.